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    de Segovia
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    La llegada del Cristo de los Gascones produce una gran conmoción y entusiasmo en la ciudad, que repercutirían de inmediato en la transformación y engrandecimiento de San Justo.

    La humilde ermita se convierte en una notable y enriquecida iglesia románica.

    Esta iglesia está construida en los arrabales del sur de la ciudad y actualmente considerada monumento Histórico Artístico.

    Se levanta a base de mampostería y ladrillo en el arrabal habitado especialmente por los pañeros, lo que determina que en año 1530 fuera bautizado en ella San Alfonso Rodríguez, santo mercader de paños que llegó a ser más tarde insigne coadjutor de la Compañía de Jesús.

    Se trata de una iglesia simple, de una sola nave, de muros de mampostería encintada con vanos y cornisa de sillería sobre canecillos y cubierta de madera. Su ábside abovedado es de fábrica mixta, mampostería de granito entre hiladas deladrillo, y tiene en su centro una ventana de arco de medio punto con triple rosca que al igual que el arco de triunfo están realizados en ladrillo.

    La torre que se encuentra en el lado norte es, junto a la de San Esteban, cuyo modelo parece seguir una de las más bellas y conocidas del románico Segovia, consta de tres cuerpos: el inferior, al que se abren saeteras de ladrillo, está realizado de mampostería y tiene cadenas de sillares en los ángulos, mientras que los dos cuerpos superiores, hechos en piedra caliza, están decorados con dobles arquería en cada lado, ciegas en el segundo cuerpo y abiertas en el cuerpo de campanas.

    En el hueco de la torre se situaba una pequeña capilla donde se veneraba la imagen del Cristo de los Gascones. A esta capilla se accedía a través de una puerta abierta en el lado norte de la nave, cuya especial relevancia deriva de la decoración escultórica con restos bien conservados de policromía que conserva tanto en la rosca del arco, con temas geométricos, como en su tímpano; en éste, Santa Elena, acompañada por dos mujeres, se dirige hacia un altar, mientras un obispo, sentado a la izquierda y un monaguillo con incensario también sentado, a la derecha, completan la decoración

    En el lado occidental de la iglesia se abre una portada de tres arquivoltas decoradas, la central con un baquetón y con rosetas las otras dos.

    Seguidamente esta iglesia tuvo una galería abierta en el lado Sur, actualmente sustituida por un porche moderno que impide ver desde el exterior la fachada meridional origina, que también tiene tres arquivoltas.

    Al proceder a la limpieza y levantamiento del encalado del ábside y del tramo recto que le antecede, se descubrió un gran conjunto de pinturas murales de las que el Marqués de Lozoya se hizo eco con especial interés en una conferencia pronunciada con motivo de la inauguración de la sala de conferencias de la Caja de Ahorros de Segovia.

    En el ábside y presbiterio se despliega la maravilla de esas pinturas románicas en las que, bajo la mirada de un asombroso Pantocrátor, el artitas desarrolla toda la teoría de la Pasión del Señor.

    Andando el tiempo, en el siglo XVII, año de 1660, bajo el reinado de Felipe IV, Juan Vélez de Arcaya, “navegante en lanas”, edifica en San Justo la sala o capilla de la Santa Esclavitud del Cristo de los Gascones, en la que destaca el gran cuadro del Descendimiento, de Francisco Camilo, acompañado de otros, de pintura ingenua y grandes proporciones, adquiridos algunos por la cofradía y otros donados por Don Diego Ochoa Ondátegui y su mujer Doña Catalina de la Cruz Barrio y Salinas a mediados del siglo XVIII.

    LA PINTURA

    A excepción del núcleo sepulvedano y de algunas iglesias de Segovia, la mayor parte de los templos se construyeron con mampostería. Es aspecto de obras sin terminar que le daba al edificio se encubría con una decoración pictórica, centrada fundamentalmente en el ábside.

    En 1964, durante las obras de restauración de la iglesia de San Justo y Pastor en Segovia, aparecieron las pinturas al fresco que decoran el ábside. Su calidad no es tan alta como en Maderuelo, ni el programa iconográfico tan coherente. Poseen en cambio el valor de estar “in situ”. En su ejecución intervinieron varias manos, desde las toscas que pintaron el arco triunfal, con escenas extraídas de un libro miniado, hasta las segundas que dibujaron las escenas de la Crucifixión. En el cascarón del ábside preside Cristo en Majestad, en una mandola formada por los veinticuatro Ancianos del Apocalipsis, representación poco frecuente. En las paredes y bóvedas, escenas de la vida de Cristo. Todo ello con una colocación menos densa y más variada que en Maderuelo.

    Las diferentes manos son un ejemplo también del cambio en los estilos, desde el arcaizante mozarabisco del arco de triunfo o el románico tosco del Cristo en Majestad, a la escena, llena de vida, del gótico en la Crucifixión.

    El arco de triunfo.

    La decoración del intradós del arco de triunfo hace referencia de forma explícita y alegórica al capítulo del Génesis. De esta forma se representan el eje del arco, a la derecha dos aves (a modo lo águilas) de cabezas afrontadas, y en el espacio de la izquierda, quedan los restos de representaciones de peces. Estos elementos hacen referencia al quinto día de la creación.

    El sexto día de la creación está representado por medio de dos leones afrontados en el lado del Evangelio y otras dos aves con el cuello entrelazado en el lado de la Epístola.

    Según el Génesis, después de la creación de los animales, tuvo lugar la creación del hombre, este tema se representa aquí asociando la creación en sí con la estancia de Adán y Eva en el Paraíso, la tentación y el pecado posterior, como se aprecia a continuación, a la derecha del tema anterior. Aquí aparecen Adán y Eva en el Paraíso, junto al árbol en el que se enrosca una gran serpiente, cubriéndose con grandes hojas, lo que simboliza que ya han pecado. Debajo de estas figuras aparece un elefante, figura a la que se asocia un rótulo del que aún se conservan las letras FAN.

    A la izquierda, dispuestas en forma simétrica a la escena de Adán y Eva, se encuentran Caín y Abel, representados momentos antes de que aquél diera muerte a éste.

    En un compartimiento inferior se representan un perro y un lobo que siguiendo a San Isidoro se asocian con los dos hermanos. El lobo, “bestia capaz y sedienta de sangre” simboliza a Caín. El perro, fiel, que muere incluso por defender a su amo, sería Abel.

    Debajo de estas escenas se aprecia la representación de varias figuras muy deterioradas, en una de ellas recostada en una cama mientras parece ser atendida por otras

    Cuenca Absidal.

    El arco de triunfo que da entrada a la cuenca absidal está decorado en su parte superior por una banda ornamental a modo de zig-zag realizado en colores blanco ocre y rojo sobre fondo oscuro que tratan de logran un efecto de volumen.

    El ábside se organiza dividido en tres registros, de los cuales el superior es el más importante ya que es el que marca con su representación el carácter direccional de la iglesia románica en la que, como en la vida espiritual, todo se encamina hacia Dios.

    Alrededor de la gran figura central de Cristo representado como Maestras Domini, se disponen los Veinticuatro Ancianos y la representación de las cuatro formas (Tetramorfos), símbolo de los evangelistas.

    El Tetramorfos aparece rodeando a este grupo central, del que está separado por una orla de nubes, a modo de meandros decorativos, y ocupando los cuatro ángulos que completan la forma semiesférica de la parte superior del ábside.

    Las imágenes de Tetramorfos se corresponden con los cuatro animales tomados de la visión de Ezequiel (hombre, águila, león y toro), cuyo simbolismo mas común en la Edad Media, siguiendo a San Jerónimo, es el que se relaciona a estas cuatro figuras con los cuatro evangelistas. San Mateo se representa como un hombre porque comienza su Evangelio con la genealogía de Cristo; San Marcos es el león porque comienza relatando la predicación de San Juan Bautista en el desierto de Judá; San Lucas es el toro, pues comienza hablando de las ofrendas que hace el sacerdote Zacarías en el templo, siendo el toro el animal preferido para el sacrificio, y San Juan se identifica con el águila porque es el que con su intelectualidad nos permite llegar más cerca del conocimiento divino.

    A la izquierda y a la derecha de este registro aparecen dos representaciones de difícil interpretación debido al mal estado de conservación de esta zona del ábside.

    A la izquierda se advierten restos de dos caballos y un hombre que mira hacia un grupo formado por otras dos figuras, una ligeramente inclinada y otra de pie sujetando algo en su mano.

    En disposición simétrica a esta escena, en el lado derecho del ábside y junto al toro, símbolo de San Lucas, aparecen representadas tres figuras nimbadas, aparentemente sentadas.

    En la parte inferior del ábside se encuentran, bastante deterioradas sobre todo en su zona inferior, dos escenas relativas a la Pasión y Muerte de Cristo: la Crucifixión, a la izquierda, y el Descendimiento a la derecha, separadas ambas escenas por la pequeña ventana que se abre en el eje del ábside.

    Presbiterio.

    En los tramos rectos del presbiterio se representan dos escenas evangélicas que se pueden incluir dentro del ciclo de Pasión y Muerte de Cristo: la Última Cena en el lado norte y el Prendimiento en el lado sur.

    También se encuentra en esta zona una deteriorada inscripción que reza …DA PINTOR FE …

    En este conjunto, a la izquierda y junto al ábside, vemos una figura sentada y con nimbo y junto a ella los restos de una representación arquitectónica.

    A la derecha de la ventana, dada su mala conservación, solo podemos adivinar los trazos de una cabeza femenina, de un ave y la cabeza de un cuadrúpedo. De acuerdo con los elementos que se conservan, podríamos pensar que aquí se desarrolla el tema de las Marías, en relación la Resurrección de Cristo: de este tema sólo quedaría un pequeño resto de un rostro femenino, el sepulcro vació y la figura del ángel.

    Bóveda del Presbiterio.

    La zona del presbiterio queda separada por medio de bandas ornamentales formadas por motivos geométricos y vegetales, de la zona de la bóveda en sí, en cuyo centro, junto al ábside, se aprecia una representación alegórica del Dios como Agnos Dei o Cordero del Sacrificio en un clipeo flanqueado por dos ángeles. A los lados de este motivo central aparecen dos escenas cuya interpretación es polémica y a veces contrapuesta.

    En la vertiente norte de la bóveda aparece como escena principal la celebración de una misa a cargo de un personaje barbado y ataviado con casulla. Un ángel hoy apenas perceptible, con las manos veladas, deposita algo sobre el cáliz situado sobre el altar. Tras el altar hay una cruz potenzada y tras el oficiante aparecen dos figuras conversando una con otra, mientras señalan a un tercer personaje.

    La escena del lado de la Epístola es igualmente polémica; se puede distinguir a Cristo, con un libro entre las manos, al cual se dirige en actitud expectante una figura juvenil.

    En el extremo derecho, una figura con palma de bordes ondulados (posiblemente el apóstol Santiago).

    A la izquierda un hombre ricamente ataviado, parece estar sentado y en actitud de dar alguna orden con el gesto de su mano. A continuación se representan dos muchachos jóvenes, pues son imberbes y de mejor tamaño.

    Cronología y características.

    A pesar de que en estas pinturas existen dos inscripciones, ninguna de ellas aclara nada sobre la cronología, ni sobre la identidad del maestro que ejecutó estas pinturas.

    Una de ellas, la que se encuentra en uno de los lados de Descendimiento y que reza “…NON POTEO FACERE PINTURAS ….” haría simplemente referencia a la incapacidad del autor a enfrentarse con algún problema, aunque es muy probable que este texto sea un grafito posterior. La otra, que se encuentra bajo el Prendimiento y que podría hacer referencia a la autoría del trabajo, está muy incompleta “…DA PINTOR FE …”.

    En cuanto a la fecha de ejecución de estas pinturas había que situarlas a finales del siglo XII o los primeros años de la centuria siguiente. Aunque es evidente que todo el conjunto obedece a un mismo programa iconográfico y que se ha realizado dentro de un lapso de tiempo determinado, se advierte que en su ejecución han intervenido diversas manos, como ya se ha apuntado.

    Programa Iconográfico.

    El programa iconográfico tiene un marcado carácter docente, para el iniciado. La iglesia toma como punto de partida estas representaciones para explicar a los fieles la necesidad de la llegada del Mesías para salvar a la humanidad, por medio de su Pasión y Muerte para volver triunfante al Final de los Tiempos.

    Si por una parte es evidente el sentido escatológico de estas pinturas en función de la Redención, lo es también su sentido catequético en relación con la necesidad de la iglesia como institución de renovar el sacrificio de Cristo con la Eucaristía y conceder el perdón de los pecados tras el arrepentimiento, para poder así gozar en el Cielo de la presencia divina y de los demás bienaventurados que ya lo han alcanzado.

    Los temas que se representan en la iglesia de San Justo y Pastor corresponden pues a un programa general establecido por la Iglesia para adoctrinar a los fieles.

    Sirva como ejemplo el de la imagen del Cristo de los Gascones, figura articulada que era suspendida durante la celebración de la Semana Santa de la bóveda del presbiterio, donde aún son visibles los orificios que servía para colgar la figura. Así con el Cristo suspendido en el centro, el sacerdote podía explicar todo el desarrollo de la Pasión Muerte y Resurrección del Cristo, induciendo a los fieles a la oración y recordándoles el valor de la penitencia y la Eucaristía.